¿Qué es LOJI en Chile?

Frecuentemente oímos que a los chilenos les cuesta comprender, así sea por el hecho de que «charlamos rapidísimo» o por el hecho de que empleamos modismos muy rebuscados. Es por ello que te dejamos una lista alfabética de los modismos mucho más utilizados ​​en este país.

A Achacarse: Estar triste, desanimado. Achuntar: Adivinar, apuntar, adivinar en la punta. A lapa: Montar sobre los hombros de otra persona. En el norte, «tota». En el sur, «a chique» o «al acha» Al lote: Desordenado, sin reglas. Tiro: Rápidamente. Al tacto: realizar algo rápidamente. Pato caminando: No tener dinero Aparar: Acompañar a un amigo, física o psicológicamente. Atufar: enojarse, disgustarse, aburrirse. Aperrar: Sé intrépido, insiste pese a las adversidades. Apitutado: Alguien que tiene buenos contactos y consigue objetivos mediante ellos. Apretado: Ser egoísta, tacaño, avaro. Arruga: retroceder, arrepentirse, darse por vencido. Atao: capaz Inconveniente: osado, ágil, capaz.

Diferente pero igual

Todo empezó en la década de 1960, en el momento en que convidada por una arqueóloga de la región, Annette Laming-Emperaire, conoció la civilización y también historia de los selk’nam . Fue entonces en el momento en que conoció a Lola Kjepja, la última selk’nam natural de el pueblo como tal, en el momento en que aún llevaba una manera de vida tribal, preservando sus prácticas, tradiciones y recuerdos. De la misma manera, entabló un vínculo amistoso con Angela Loji, otra indígena selk’nam, quien la ingresó en el planeta misterio que representaba la liturgia del Hain para los selk’nam. Y fue exactamente en ella que Anne Chapman centró su análisis, los cortes de una sociedad patriarcal que patentizaba, basados ​​en una cosmovisión de mítica dominación femenina que había que romper. Y ahí reside entre las mayores virtudes de Chapman: su apertura a las experiencias, historias y visiones de sus personajes principales desde la inocencia de un aprendiz, con la reciprocidad del diálogo y la empatía humana, en vez de accionar como un detective y ponerlos bajo la lupa. . a sus “elementos de estudio” como piezas de laboratorio, en un estilo tan propio de la antropología colonial. Anne Chapman era ella misma y el resto, y de ahí la generosidad con la que se le ha abierto su territorio y sus raíces, en el sentido mucho más así y figurado.

Y sucede que, a través de Lola, Anne vivió entre las vivencias mucho más inmersivas en la civilización selk’nam. Si bien a los diez años había sido mandada a una Misión Salesiana, sus breves recuerdos de niñez en su familia se alimentaban de las historias de ancianas con las que compartía la misión. Conque Lola aún preservaba la lengua, las historias y el sentir de la nación Selk’nam. Y fue con ella que Anne Chapman logró catalogar y traducir los cantos chamánicos de su pueblo. Todos y cada uno de los que formaron una parte de su libro «El objetivo de un planeta». La del pueblo Selk’nam que no era tal, sino más bien solo las ánimas astilladas de él que subsistieron. La de una nación silenciada que, de su pluma, recobró ciertas notas de voz. Conque Anne Chapman prosiguió avivando fuegos, prendiendo gargantas, quitando recuerdos. No solamente se implicó de lleno con la civilización Selk’nam, sino asimismo efectuó distintas indagaciones sobre los Yaganes, pobladores de las costas del Canal Beagle, las islas vecinas y el Cabo de Hornos. Sí, por el hecho de que la historia no había terminado. A la luz de su trabajo, chaval, ella continuó.

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