Fotografía: Alexandre Meneghini | Reuters
Artículo: Cuba Novedades 360 Redacción
Tabla de contenidos
- 1 Saber mejor a los cubanos y su idioma
- 1.1 “¡Hora del espectáculo! Damas y caballeros. Damas y caballeros». De esta forma eran recibidos cada noche los ayudantes al Cabaret Tropicana, el mucho más popular de Cuba. Exactamente con esta bienvenida, Guillermo Cabrera Infante nos sugiere ir a gozar de otro espectáculo, el que tomó como ámbito La Habana todas y cada una de las noches de objetivos de la década de 1950, y que el escritor relata en su libro Tres tristes tigres.
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Saber mejor a los cubanos y su idioma
Las agudezas y la felicidad cubanas han cimentado oraciones y modismos de todos tipos, ciertos ahora establecidos como cubanismos y otros que van a caer en desuso transcurrido el tiempo. Los cubanos asimismo acostumbran a charlar rapidísimo. De ahí que, es esencial estar alerta para eludir inconvenientes y al final poder entremezclarse en su ambiente y dialogar con fluidez. Entonces, “Asere, vamos a tirar para Cuba que tiene un tamaño espectacular”. ¿Comprendiste?
“¡Hora del espectáculo! Damas y caballeros. Damas y caballeros». De esta forma eran recibidos cada noche los ayudantes al Cabaret Tropicana, el mucho más popular de Cuba. Exactamente con esta bienvenida, Guillermo Cabrera Infante nos sugiere ir a gozar de otro espectáculo, el que tomó como ámbito La Habana todas y cada una de las noches de objetivos de la década de 1950, y que el escritor relata en su libro Tres tristes tigres.
La ciudad más importante cubana en ese instante se había transformado en un espacio de ocio, lleno de hoteles, casinos, cabarets y música. Pero la fascinación de Cabrera Infante por esta localidad había empezado bastante antes, en el momento en que tenía 12 años y su familia decidió mudarse de un pueblo rural en el centro de la isla. A esa corta edad, Cabrera Infante se enamoró de una localidad que, según él, le pertenecía mucho más a él que a los que habían nativo de ella por el hecho de que él la había adoptado. En múltiples oportunidades aseveró que La Habana era una obsesión para él.
Allí medró y desarrolló su pasión por el cine, sobre el que empezó a difundir críticas y terminó creando guiones para Hollywood. Al tiempo se dedicó a la literatura, llegando a ser editor de Lunes de Revolución, el suplemento cultural del períodico Revolución, que reunía a múltiples escritores cubanos cuyos nombres se transformaron, o ahora lo eran en ese instante, en indispensables de la literatura nacional.