Entre las primeras cosas que afirma del país el doctor de terroir Pedro Parra, novedosa estrella de su bodega, es que el nombre es hot, simple y corto. “Que Rajat Parr lleve a cabo un vino en USA y en vez de llamarlo mission, criolla, o listán prieto, lo llame country, charla de su fuerza”, arguye.
Parr es un sommelier y vinicultor admirado en América del Norte, y Parra genera entre los vinos del país de mayor precio ($200 por caja) y mejor calificado (96) de Chile. Parra solo compra uva del Valle de Itata y afirma que siempre y en todo momento se ha basado en la cinsault (colega de pais en la D.O. Secano Interior) por el hecho de que le agrada bastante, al tiempo que veía la pais como una pluralidad complementaria. “Pero de a poco me fué sorprendiendo. Acabo de probar los 15 lotes que vinifico y aprendí algo fundamental… ahora lo tengo en la cabeza para el 2023”. La educación, afirma, es retardado.
Tabla de contenidos
- 1 En la calle 24
- 2 IV: Vino, amor
- 3 ¿Qué cultura hay en Chile?
- 4 ¿Qué es andar con la wea?
- 5 ¿Qué país es el rey del picante?
- 6 ¿Qué significa en pos de algo?
- 7 ¿Como dicen los chilenos novia?
- 8 ¿Qué significa el número 10 01?
- 9 ¿Qué significa el número 16 16?
- 10 ¿Qué significa MOR en amigos?
- 11 ¿Cuándo se pone el árbol de Navidad en Chile?
- 12 ¿Qué quiere decir la hora 13 13?
- 13 ¿Qué pasa si llueve el día de tu cumpleaños?
- 14 ¿Cuál es la mejor ciudad de Chile para vivir y trabajar?
En la calle 24
En la calle lle
Veinticuatro tres
IV: Vino, amor
Ya hace un par de años, yo Pienso en Chile toda vez que alguien me pregunta si tomo vino. No es obsequioso: antes de venir a este país por vez primera, siempre y en todo momento afirmaba que no. “Espera a que pruebes el Carmenere”, me había advertido aquel guía cuyo rostro no recuerdo pero que pasó a la historia por esa frasecita. Él se encontraba en lo acertado. Fue amor al primer sorbo, cambio de mirada, entendimiento. Me enamoré del Carmenere por ser un vino único (es una cepa que subsistió a la filoxera solo en Chile y el día de hoy es un producto estrella) y de tanto evaluar, ese viaje y ese vino acabaron siendo mi puerta de entrada enológica: si el día de hoy Puedo gozar de una copa de Cabernet, se lo debo a Chile. Conque no engaño en el momento en que digo que deseaba este viaje con tanta ilusión como lo deseaba. Deseaba comprender si la idealización que había hecho en mi cabeza de ese gusto morado coincidía, si no habíamos cambiado, si el cariño proseguía ahí.
Acepto, ya que, la convidación al lugar de comidas y antes de escoger qué comer ahora miro la carta de vinos. Es extraño admitir convidaciones para uno ─y asimismo es extraño comer para uno─. Las mesas mucho más hermosas acostumbran a estar dispuestas para 4, y entonces me ocupa una extraña culpa por ocupar yo sola el más destacable sitio. Eso, para iniciar. Entonces me pasa que pienso bastante en el momento de seleccionar el plato: debo pensarlo bien, por el hecho de que no voy a poder evaluar el plato de otra persona. Y para finalizar, debo hacerme amigo de la iniciativa de comer sin charlar. Me llevo bien con el silencio, pero en el momento de gozar de una comida quiero llevarlo a cabo en pareja. Comienzo, ya que, por sobrepasar la culpa. Escojo la mesa con sillas mullidas: me agrada la privacidad de la lámpara despacio y los separadores de madera dan algo de privacidad. Después, cena. Es una convidación que aprovecharé: deseo setas rellenas de centolla y, por favor, una aceptable copa de Carmenere. No deseo ver el teléfono por el resto de la noche. Tampoco traje un libro para leer. Deseo estar aquí, en todos y cada mordisco, en todos y cada sorbo.