La manera en que reaccionas frente a un cumplido afirma bastante sobre de qué forma te valoras a ti. Para la gente con buena autovaloración, ser felicitado por un trabajo bien hecho o ser admirado por el resto son vivencias positivas. Los hacen sentir admitidos por el resto, incrementan su sensación de confort y los llenan de energía efectiva. No obstante, para esos con baja autovaloración no posee exactamente el mismo efecto, se sienten abochornados y procuran una manera de huír de la situación.
¿Por qué razón esta disparidad? El inconveniente es que para la gente con baja autovaloración, el comentario contraría la visión que tienen de sí mismas, y esto las molesta. A varias personas les agrada que las vean de este modo, pero se preocupan el instante en que la persona revela la realidad sobre ellos. Otros llegan a cuestionar la intención de la otra persona. ¿Por que me engañas? ¿Desearás algo de mí? e inclusive, ¿se está riendo de mí?
Tabla de contenidos
- 0.1 – Mantén la situación
- 0.2 Nos formaron para admitir los cumplidos con determinada humildad e inclusive algo de vergüenza, pero es hora de mudar.
- 0.3 Artículos relacionados:
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– Mantén la situación
No te muevas, no hagas alboroto con los brazos, no gires la cabeza, ni se te ocurra bajarla. Puedes explotar para tocarlo. ¿No es verdad que me cuestiones mil ocasiones cuándo es el instante conveniente para comenzar el contacto físico? Bueno, este es buen instante. Un rápido apretón de su antebrazo mientras que le respondes va a ser bastante. Pero no te desplaces bastante, si no estabas suficientemente cerca para inclinarte un tanto, tu ocasión pasó, hojo.
Nos formaron para admitir los cumplidos con determinada humildad e inclusive algo de vergüenza, pero es hora de mudar.
Desde el momento en que nos criaron para ser mudas y mostrar lindas, el mensaje subliminal era que debíamos ser preciosas, pero muy modestas. Conque estábamos condicionados a agradecer en el momento en que alguien hacía un comentario positivo sobre nuestra fachada. Admitir un cumplido es un desafío y no rara vez un instante incómodo por el hecho de que no entendemos de qué forma conducir la ambivalencia entre la gratitud y nuestro deseo de ser humildes.