¿Qué quiere decir bigote en Argentina?

Según estudios, todos los años se desperdician cuando menos 1,2 millones de litros de cerveza, que quedan empapados en el pelo facial de quien la bebe (precisamente 0,56 mililitros por sorbo). Para llevar a cabo en frente de esta alarmante situación y socorrer el apreciado líquido, Pilsen Plus, la cerveza pura de malta con el nivel de cremosidad especial, lanzó al lado de Grey Argentina un nuevo estilo de bigote desarrollado al milímetro para no regresar a desperdiciarlo.

“El desperdicio de cerveza no era una preocupación en el planeta. Los bigotes no eran señalados por la prensa ni por los medios de todo el mundo. Ninguna asamblea del G7 o del G-20 charla de este tema. La ONU no emitió ningún género de comunicado. Era hora de que alguien hiciese algo y lo hicimos”, comentaron Hernán Kritzer y Alejandro Devoto, CCOs de Grey Argentina.

Con la faja puesta, y el bigote asimismo

Eso sí, con los años, el bigote trascendió las fronteras de la celebración. A inicios del siglo XX, las barbas comenzaron a rechazar hasta prácticamente ocultar pasada la primera década. Al tiempo que el bigote ahora era moneda corriente. ¿Uno que le rindió enormes honores? Don Paulino Rodríguez Marquina: el estadístico tucumano lucía un bigote tan espeso y con puntas tan pronunciadas hacia arriba que, para sostenerlo de esta manera, estable y también inmaculado, debió recurrir al llamado «bigote». Una tira de gamuza que se utilizaba sobre el bigote antes de acostarse, a fin de que los pelos sostuvieran su forma. Una coquetería… ¿Y de qué forma vamos por Casa Rosada? Por el hecho de que, como recordarán, tuvimos bastantes presidentes con bigotes: Roque Sáenz Peña, Victorino de la Plaza, Agustín P. Justo, Ramón Castillo y Raúl Alfonsín… ¿alguien mucho más? Eso sí, ¡de qué forma olvidar el desprendido bigote de Carlos Pellegrini! Afirmemos que el billete de $1 ahora está obsoleto, y en consecuencia su imagen no es tan recurrente. Pero aun de este modo, es uno de esos bigotes que van a quedar para la posteridad. Considerablemente más aquí en el tiempo, otro bigote que merodeó la Casa de Gobierno, si bien sin llegar a sentarse sobre la silla, fué el de Aníbal Fernández: el bigote del exjefe del Gabinete de Ministros se convirtió ciertamente en la marca registrada de él.

¿Y si nos distanciamos de todo el mundo de la política? Fíjate que el planeta del espectáculo y el deporte asimismo han aportado sus buenos ejemplares al inventario de bigotes nacionales. Si no, acuérdate del Mundial 78. Ahí se encontraba Leopoldo Jacinto Luque, corriendo, con la albiceleste pegada a la piel y su peculiar bigote a la espalda. Infló la red una, 2, tres, 4 ocasiones… La euforia mundialista llenó las viviendas, los bares, las gradas. ¿El creador de los tantos? Ah sí, el enorme Luque, bigote aparente, irrealizable no advertirlo en las decenas y decenas de camisetas celestes y blancas que poblaban el lote de juego. ¿Y si otro bigote nos hubiese podido hurtar tantas alegrías? Ya que tuvimos 2 que nos han liberado, y todavía hoy, mucho más de uno se ríe. La de Jorge Guinzburg fué aun de las que solo se tienen la posibilidad de rememorar con una sonrisa: es que el humor ácido y también capaz del en este momento ausente periodista hizo que su bigote trascienda no solo la pantalla del TV; sino más bien la radio, los jornales y hasta los libros. Lo de Guillermo Francella sí que nos dio uno de esos sustos: ¡cuánto lo hemos extrañado allí por 2008! Es que el actor se lo debía rapar para crear el personaje de una película (¿recuerdan al enorme Pablo Sandoval de El misterio de los ojos de él?), y la cuestión era que, sin bigote, Francella no era Francella. Afortunadamente, en contraste a Sansón, le sacaron el bigote pero no la comedia; y la entrañable criatura ahora volvió para estar con nosotros.

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